Mejores personas es igual a mejor planeta, mejor vida


Vía y cruces de los derechos humanos

La amenaza de la pandemia ocasionada por el Coronavirus-19 mueve a una profunda reflexión respecto del futuro de la humanidad y lo paradójico es que este 11 de julio se conmemora el Día Mundial de la Población, ahora seriamente amenazada.

A través de la historia son muchas las epidemias que han diezmado a la población, pero todo parece indicar que ninguna de esas dolencias ha sido tan virulenta ni le ha llegado al mundo entero como en esta ocasión.

En México la vacuna contra ese virus ha llegado, pero qué decir de otros sitios del mundo en donde no hay esperanzas de que el inmunizante llegue y todo eso es ni más menos -¿Por qué creen?- porque no hay dinero, se trata de la eterna lucha entre la opulencia y la pobreza, en la mayoría de los casos y en otros porque sus gobiernos no han tenido la presteza para atender a su población entre esos pueblos podemos mencionar a Eritrea, República Centroafricana, Tanzania, Burkina, Chad, Madagascar, Burundi, Corea del Norte, entre otros.

Es necesario que la humanidad, los dirigentes, gobiernos hagan el mejor de sus esfuerzos para sacar adelante a sus pueblos. Pero esa tarea no es exclusiva de los gobernantes, porque la ciudadanía tiene que hacer su parte.

El confinamiento ha ocasionado muchos problemas, sobre todo el aumento de la violencia doméstica, es decir la que existe en el seno familiar, como incluso ha reconocido el secretario general de la ONU. Veamos un fragmento de lo que nos dice el Observatorio Ciudadano: “Para las personas que sufren violencia familiar, las cuarentenas obligatorias para frenar la propagación de COVID-19 las han atrapado en sus hogares con sus abusadores, aislados de las personas y los recursos que podrían ayudarlos. El abuso familiar en este contexto presenta algunas variantes. Por ejemplo, los perpetradores pueden amenazar con echar a sus víctimas a la calle para que se enfermen; al estar aislados, también tienen oportunidad de retener recursos financieros o asistencia médica. La crisis actual también dificulta que las víctimas busquen ayuda. A medida que las instalaciones médicas de todo el mundo se esfuerzan por responder a la pandemia, los sistemas de salud se sobrecargan, lo que dificulta que las víctimas tengan atención médica o terapeutas después de sufrir un abuso”.

A las víctimas que deja el Covid-19 hay que añadir como daño colateral las posibles defunciones a causa de esa violencia familiar.

Otra amenaza que se cierne sobre la humanidad es la contaminación del medio, esa contaminación que también deja no solo en peligro de extinción a especies animales, y vegetales, sino a la consecuente sucesión de fenómenos climatológicos que llegan a la escala de desastres naturales.

Otro peligro latente es el crecimiento de la humanidad misma, la ONU nos dice en su página que cientos de miles de años pasaron para que la población llegara a los mil millones de habitantes y apenas en 200 años se multiplicó hasta llegar a 7 mil millones y si el Covid 19 y los desastres naturales no dicen otra cosa se espera que en 2030 lleguemos a ser 8 mil 500 millones y así hasta llegar a 10 mil novecientos millones para el 2100. Mejor paramos de contar.

La esperanza es que en ese crecimiento desmesurado haya mejores personas, respetuosas de los derechos de los demás, para que hagan nuestro mundo más amable, más habitable, no sólo en la faz de la tierra, sino en el seno de los hogares.