Descansemos del asuntejo de las elecciones


Lo bueno… Lo malo…

Por Mariano Quintal Yam

Bueno es que por el momento descansemos del asuntejo de las elecciones; malo que hoy tenga que aburrir más a mis dos lectores, ojalá conserve cuando menos a uno, pero lo haré, con su anuencia, para recordar algo de la mitología maya:

Kinich y Tzic eran dos hermanos, príncipes mayas, el primero un joven gentil, bueno, podríamos decir que observador de los derechos humanos, mientras que el segundo, Tzic, les diré que dzik, en maya significa enojado o p’uja’an, ts’iik, o k’uux, esos tres vocablos ancestrales, encarnan ni más ni menos que enojado, iracundo, rabioso, despiadado, arrogante…

Kinich puede ser una palabra compuesta de K’iin, sol e ich, lo que significaría rostro del sol o apócope de Kinich Ahau, dios del sol y patrono de la música y la poesía…

Ambos hermanos hacían honor al significado de sus apelativos, pero convivían…

Un día conocieron a Nicté-Há, que podría significar en maya, flor de agua, o quizá flor de loto…

Ella era también princesa maya, que se caracterizaba por su extraordinaria sonrisa, radiante como K’in, el astro rey, que palidecía notablemente cuando ella entrecerraba sus hermosos ojos para hacer brillar a la luna, Uj…

Abreviaré diciendo que Kinich y Tzic  quedaron prendados de Nicté-Ha, quien nunca eligió a su adalid…

Ambos hermanos decidieron enfrentarse en una batalla, para que el vencedor se quedara con la hermosa doncella, pero hete aquí que los dos quedaron derrotados, o victoriosos ¿? pues los dos fallecieron en el fraternal ¿? combate.

Cuenta la historia que los dioses mayas casi iracundos por la pelea, oscurecieron el día, K’in palideció y Uj, la luna, sonrojada, no quiso ver la batalla y se ocultó…

No obstante, luego de la muerte, los apasionados hermanos pidieron a los dioses que los dejaran ver una vez más a la hermosa princesa, que ante el dolor que para ella significó la muerte de ambos hermanos, murió de tristeza, la que no se mitigó, al llegar ante las supremas deidades…

Como tributo a su dolor e insuperable belleza, los dioses dejaron renacer a Nicté Ha, como una flor blanca, que brota en el agua y simboliza su pureza, la beldad indiscutible del amor…

Tzic llegó de nuevo al Mayab eterno como el Chechén, un árbol venenoso, cuyas ramas u hojas queman la piel de quien toca el árbol o busca el cobijarse de la que cree benigna sombra…

Las deidades mayas dieron a Kinich nueva vida en la forma del Chacá, frondoso y frágil árbol que conservó la nobleza de Kinich, su suavidad, en las maderas de esta planta. Los dioses mayas le dieron a éste árbol la potestad de curar el daño que ocasiona Chechén, quien no dejó atrás su maldad cuando estaba entre los hombres como Tzic…

Debo explicarles a mis dos lectores que contar esta historia me vino de haber presenciado la noble muerte de un árbol de Chacá, a las puertas casi de las oficinas de la CODHEY, calle 27 entre 8 y 10 de la colonia México.

La foto que ilustra esta nota deja ver que hay un estacionamiento, otro, no visible atrás, algunos autos debajo del Chacá y mucha gente tiene que pasar debajo de ese árbol, en la cotidianidad de sus actividades.

El Chacá no cayó violentamente, causando daños o quizá muertes. Se inclinó lentamente, como un caballero saludando a su dama Nicté Ha, o dejando un postrero adiós a quienes alguna vez se cobijaron del abrasador K’in bajo sus ramas, o a las canoras aves que encontraron cobijo en la suave brisa que circula entre los curativos gajos…

Mientras tanto hubo tiempo de que las autoridades acudieran en respuesta al auxilio solicitado, por el riesgo que corrían quienes transitan por debajo de ese árbol.

Cuando transeúntes y carros quedaron a buen resguardo, Chacá cayó estrepitosamente, con un sonido de Tunk’ul, el instrumento de percusión maya, que habrá llegado a los cielos, para que las deidades del Mayab eterno comprobaran que es un bondadoso caballero, incluso ante su muerte…

Ojalá así fuéramos TODOS los seres humanos.