Lo bueno… Lo malo….

Por Mariano Quintal Yam
Bueno es que la gente espere con ansia la llegada de un nuevo año, el 2026 de nuestra era, con festejos y propósitos de renovación, pero malo muy malo es que concluya el 2025 y no se haya dado cima a lo que las personas se propusieron, en su afán de mejoría el concluir el 2024. El mejor deseo de la columneja es que ahora sí, esos buenos propósitos se cumplan en el venidero, naciente año nuevo 2026.
Malo es que el orbe se esté incendiando, hipotética y literalmentemente, por los cuatro puntos cardinales, porque donde no hay guerras se gestan enconos y dominaciones del mal por encima del bien, como en nuestro sufrido México en donde no hay guerrillas, pero sí grupos de narcotraficantes que cobran derecho de piso, es decir quienes ejercen alguna actividad comercial tienen que pagarles a esos grupos delincuenciales la cantidad que los maleantes estipulen.
Y bueno es recordarles a las autoridades que están para vigilar que las leyes se cumplan a cabalidad, lo sucedido el año pasado en Michoacán cuando los productores de mango y aguacate paralizaron actividades, en demanda de mayor seguridad para continuar con sus actividades productivas. Ese mal sigue perjudicando a México.

Malo, pésimo que las actividades del crimen organizado se hayan extendido a las carreteras federales. Muchos son los reportes periodísticos que informan acerca de los peligros para los trasportistas de carga e incluso particulares, que a punta de balazos o con pétreas barricadas, son despojados de mercancía, dinero y vehículo. La revista Bloomberg Businessweek indica que en nuestro país se realiza un intento de asalto en carreteras, casi cada hora. Esta lamentable situación es algo que las autoridades bajo cuya jurisdicción están las carreteras del país, deberían de contener, pero…
La columneja ha señalado en numerosas ocasiones que la administración pública debe estar en manos de personas que se identifiquen plenamente como servidores públicos y no como personas que únicamente buscan satisfacer sus caprichos personales, en aras del dinero y a costa de la ciudadanía.
Malo, pésimo es que existan “servidores públicos” a quienes se les ha señalado insistentemente como personas deshonestas y siguen sin encontrarse con la fuerza de la ley y lo que es peor, que siguen detentando puestos públicos en los que se requiere honestidad, pero ahí siguen…
Tanto electores como quienes tienen, por encargo popular una posición administrativa, en el aparato gubernamental, deben elegir cuidadosamente a quiénes le dan su voto de confianza y los elegidos, al nombrar a sus colaboradores, deben de examinar a quienes piensan darle la confianza para servir a las y los que votaron por los funcionarios, sean federales, estatales o municipales…
Y ahí está lo que la columneja ha señalado insistentemente: como Diógenes de Sinope, a plena luz del día iba, farol en mano, a la búsqueda de un hombre honesto.
La honestidad es un valor que está en decadencia y eso es lo que se debe de encontrar y practicar en nuestra existencia. Si para el común de los mortales la integridad es muy difícil de lograr, para las y los funcionarios públicos es vital, para que la ciudadanía tenga la garantía de un ser digno para atender los asuntos de su encargo y no a adoradores del becerro de oro, o de los billetes, pero,,,
Y a la espera de mejores resultados, tanto en lo personal como público, este aporreador de teclas irá a solazarse con el alumbrado navideño que luce nuestra cuatro veces centenaria ciudad de Mérida, cuya administración municipal ha engalanado con las tradicionales luces decembrinas.
Numerosos parques y el Paseo de Montejo están hermosamente iluminados, para solaz de propios y extraños. Si de algo sirve, vaya nuestra felicitación a las autoridades municipales, por ese regalo de luz para las y los meridanos.
Y que este año 2026 próximo a iniciarse venga menos cargado de horrores de guerras, crímenes y la aterradora amenaza de la contaminación ambiental que se cierne seriamente sobre nuestro orbe, pero para eso hay que decir como Antonio Machado: Caminante no hay camino, se hace camino al andar…
Y así serán nuestras huellas las que señalarán el sendero a pisar, para quienes desean construir un mundo mejor. Y no hay que olvidar que solo no puedo cambiar al mundo, pero no hay que desesperar, porque hay un mundo que sí puedo cambiar y ese es mi mundo propio, personal…
De mí o de tí depende-
Ojalá logremos ser mejores personas en este venidero 2026.















