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Amor de madre; Mujeres divinas

Lo bueno… Lo malo…


Por Mariano Quintal Yam


Bueno es que, en estos días, algunos los dedicamos a la meditación, saquemos todo lo malo que daña al espíritu. Pero creo que muy malo, malísimo es que no les pida una disculpa a mis dos lectores, y a mi editor, por el silencio que me he visto obligado a mantener, cosas de la salud, pero ya mejor dejemos el bla ba bla y como dicen por ahí, a lo que te truje chencha:
Vayan pues algunos pensamientos en torno a este agonizante 8M o para que se entienda mejor, 8 de marzo, día del mencionado mes, dedicado al empoderamiento de la mujer para tratar de enmendar lo mal que el género masculino se ha portado con las damas, que para los románticos como su servidor son la indispensable media naranja, el pecho amante sobre el cual recostamos nuestra testa cuando el espíritu está afligido, dolorido. Hace muy poco me quedé sin ese pecho amantísimo: mi madre dijo el adiós terrenal y yo estoy ansioso de cruzar el umbral que me reunirá con ella en donde el Padre me ha prometido que…
Una sincera disculpa para quienes tienen una fe distinta a la mía, pero estas reflexiones no buscan ofender a nadie, sino a encontrar la verdad en donde ésta se encuentre…

Respecto del amor de una madre, poco puedo decir cuando ya otros han cantado a ese verdadero amor:
Platón nos dice que la madre es para el hijo una guía hacia lo mejor y ese filósofo de la antigüedad considera que los hijos son como sombras y las madres su luz –pienso que todo sería inútil si no tenemos en nuestro corazón ese sentimiento divino, el amor, que se lleva en el corazón, según el ateniense.

Entre muchos pensadores como el alemán Friedrich Nietzsche, me quedaría con la frase de éste: En cada mujer vive una madre guerrera dispuesta a todo por sus hijos.

Esa frase nos indica que una madre está dispuesta a ofrendar la vida por el amor a sus hijos, pero…
El lexicón nos señala que el amor es el sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser. La tercera acepción es el sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo. Así podríamos sentir amor por una mascota, por un amigo, por nuestra tierra etc., pero lo que quizás sería nuestro complemento es encontrar a nuestra pareja que nos lleva a la unión sexual para formar una familia y procrear hijos… con amor.

Y como en el final de aquellos cuentos de hadas decir: … y vivieron felices para siempre.

Pero eso no siempre es así, en el hogar es donde en muchas ocasiones la mujer es víctima de maltrato por su propia pareja, al respecto en la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, ENDIREH 2021 nos dice el INEGI: En 2021, a nivel nacional, del total de mujeres de 15 años y más, 70.1 % han experimentado al menos un incidente de violencia, que puede ser psicológica, económica, patrimonial, física, sexual o discriminación en al menos un ámbito y ejercida por cualquier persona agresora a lo largo de su vida.

La violencia psicológica es la que presenta mayor prevalencia (51.6 %), seguida de la violencia sexual (49.7 %), la violencia física (34.7 %) y la violencia económica, patrimonial y/o discriminación (27.4 %).
Mientras que, de octubre 2020 a octubre 2021, 42.8 % de las de mujeres de 15 años y más experimentaron algún tipo de violencia, la violencia psicológica es la que presenta mayor prevalencia (29.4 %), seguida de la violencia sexual (23.3 %), la violencia económica, patrimonial y/o discriminación (16.2 %) y la violencia física (10.2 %).

Las violencias se acrecientan.
Quizá por estas últimas razones, cuando honestamente se pretende encontrar una vía para el empoderamiento de la mujer, se dice de empoderar, que es hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido, hay algunos espíritus que pierden el camino.

En esa búsqueda la Organización de las Naciones Unidas institucionalizó, en 1975, El Día Internacional de la Mujer, para reivindicarla por la igualdad de oportunidades respecto de los hombres.

Pero hete aquí que la violencia contenida dentro de esos espíritus pletóricos de amor se ha vuelto un furor incontenible el radicalismo que puede ser entendido como extremismo, fanatismo, sectarismo, intolerancia, ha extendido su furia destrozando lo que a su paso encuentra, honras, incluso de la misma familia, propia o ajena.

Ese extremismo debe de eliminarse de las mentes de las mujeres que se sienten ofendidas, comprensible, pero no debe de convertirse en intolerancia, como si fuese una nueva y santísima inquisición, aquel organismo proveniente de religiosos que en nombre de la fe cometieron injusticias y asesinatos, todo esto escrito en el libro negro de la historia.

No olvidemos que existen leyes, que nos hemos dado como sociedad y por tanto hemos de respetarlas y si existiera algun funcionario venal, con PRUEBAS y no con dimes y diretes exigir JUSTICIA, que no venganza. ¿Masinó? Dicen popularmente…

El pasado 8 de marzo ni el hermoso Monumento a la Patria, en lo que en un tiempo fue el final del Paseo de Montejo, en nuestra ex blanca Mérida, pudo librarse de la manifestación de odio que un grupúsculo de mujeres y uno que otro colado o colada dejó con pintas que durarán un tiempo hasta que los restauradores puedan borrar esa infamante huella del odio y la intolerancia que brota del seno de esas hermosas mujeres que no encuentran el camino para andarlo lado a lado, hombro con hombro, con su compañero natural: el hombre.

Esto no significa dejar de lado la lucha justa, digna, sin anatematizar, excomulgar, a priori, es decir sin examinar previamente el asunto a tratar.

El mejor deseo de la columneja es que hombres y mujeres, o mujeres y hombres encontremos el camino del diálogo y la comprensión y no la intolerancia, para lograr un mundo pletórico de amor, en donde cada ser le dará a esa hermosa palabra el significado honesto que para el ser del que se trate deba de tener.

No caigamos en la intolerancia de alguna mujer que en funciones de servidora pública me espetó un día: un hombre no puede defender los derechos de la mujer.
¡Válgame! La iglesia en manos de Lutero diría yo.

Aunque como el insigne José Martí concluiría ante esa dama:
Cultivo una rosa blanca.
Cultivo una rosa blanca
en junio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca.