Nacimiento y muerte de un hombre bueno


Vía y cruces de los derechos humanos

La humanidad no puede sustraerse a la eterna lucha entre el bien y el mal.

La historia de la religión católica indica que un Ser Supremo creó todas las cosas del universo, incluido un ángel que se creyó con derecho a disputarle la supremacía del mando y finalmente fue expulsado de los cielos para convertirse en el adalid de las fuerzas oscuras, del mal.

Ese Ser Supremo envío a su Hijo a la tierra, convertido en hombre, para ser el salvador de la humanidad, a cambio de la vida de este Hijo, bienhechor de las almas de hombres y mujeres.

Hace apenas unos días conmemoramos el nacimiento de ese Salvador al festejar la Natividad o el nacimiento de ese ser bueno, Hijo del Ser Supremo, en un humilde pesebre…

Quiérase o no ese hombre que dio ejemplo de obediencia y humildad al ofrendar su propia vida, ha sido ejemplo para tirios y troyanos, al predicar el amor fraterno como el camino hacia la salvación de los seres humanos, el camino del bien por encima del mal, para tener una mejor sociedad, mejores personas humanas.

Servidores del mal hicieron todo lo que a su alcance estuvo para terminar con la vida y obra de aquel ser, que en los intereses de esos malos entes era una seria amenaza.

Así, un hombre justo murió por estar del lado de quienes eran víctimas de las injusticias, de la maldad, del olvido hacia los necesitados, los desvalidos, los sin derechos humanos.

Su lucha, al menos así nos lo indican sus prédicas, fue para que la gente se comportara de manera digna con quienes sufrían de las injusticias, de la adversidad o fueran objeto de abuso por parte de los señores del gran poder.

En suma fue un gran defensor de las prerrogativas de las personas que sufrían el oprobio de aquellos que desde la cumbre del poder económico o político, solo veían en los seres humanos un instrumento para el enriquecimiento, la dominación y la satisfacción de sus insanos apetitos personales.

¿Recuerdan su muerte?

Tortura, vejaciones, desgarramiento de sus carnes, corona de espinas y la ignominia de ser condenado a la muerte cruel, ¿hay alguna que no lo sea?, destinada a los peores criminales de esos tiempos: La muerte en la cruz. Una muerte que demuestra la peor cara de la maldad, la protervia anidada en el fondo de algunos corazones ¿humanos?

La cruz, ese instrumento oprobioso, de tortura; a partir de la muerte del Nazareno se ha convertido para la humanidad en el signo de la salvación eterna, el camino hacia el dios bueno que ha ofrecido el amparo para las almas que sigan el camino del bien por encima del mal.

Para el común de la gente la Natividad es día de fiesta, de alegría, de esperanza, una fecha en la que se prodigan buenos deseos, regalos y felicidad abrazando a quienes amamos de una u otra manera. Incluidos también algunos excesos.

Festejamos el nacimiento de un dios bueno, de un ser humano extraordinario.

¿Hacemos algo por seguir su ejemplo hacia el camino del bien, por respetar y hacer respetar los derechos ajenos y los propios, consecuentemente?

Cada quien tiene en el fondo de sus corazones la respuesta a esa pregunta pero no olvidemos que alguien nos enseñó cómo recorrer la vía y cargar las cruces que implican el respeto y la defensa de los derechos humanos…

El camino del bien por encima del mal.